En el vasto mapa del fútbol mundial, hay historias que se escriben con la tinta de la perseverancia. Jordania es el ejemplo perfecto de ello: este país de Oriente Medio se presentará como uno de los debutantes absolutos en el Mundial 2026 y el destino quiso que compartiera el grupo J nada menos que con la selección argentina. Lo que puede parecer una simple rareza producto del nuevo formato del torneo (ahora con 48 selecciones en lugar de 32), para el pueblo jordano representa la coronación de un proceso histórico, la validación de un proyecto deportivo y el fin definitivo del estigma de "eterno perdedor" en una región donde suelen mandar las naciones con presupuestos inagotables.

El fútbol como el gran unificador de una nación

Rodeado por la efervescencia geopolítica de Siria, Irak, Israel, Palestina y Arabia Saudita, Jordania se ha erigido históricamente como un oasis de estabilidad y un puente diplomático constante. Sin embargo, fronteras adentro, la pelota es la verdadera encargada de zurcir el tejido social. En una monarquía constitucional con una enorme población de origen palestino, el seleccionado nacional es el único símbolo capaz de generar una cohesión absoluta.

Ese fervor contenido estalló finalmente el 5 de junio de 2025. Aquella noche, en el estadio Internacional de Amán, el equipo superó 3 a 0 a Omán (con un triplete de Ali Olwan, una de sus máximas figuras) y cerró una herida que sangraba desde 2013, cuando la Uruguay de Óscar Tabárez le había ahogado el sueño mundialista con un aplastante 5 a 0 en el repechaje para disputar el Mundial de Brasil 2014. Al sonar el pitazo final, los jugadores se arrodillaron en el césped y las caravanas de la capital duraron hasta el amanecer; porque la espera de casi 70 años ya había terminado.

El cerebro táctico detrás del salto de calidad

El artífice de esta epopeya no es un nombre rutilante de las grandes ligas europeas, sino un estratega marroquí de mirada analítica: Jamal Sellami (55 años). Tras asumir a mediados de 2024 para reemplazar a su compatriota Hussein Ammouta -quien había dejado la vara altísima al ser subcampeón de la Copa Asiática frente a Qatar en 2023-, Sellami inyectó una dosis de agresividad y rigor táctico innegociable.

Bajo su mando, los conocidos como los "Nashama" ("valientes" en árabe) forjaron un perfil sumamente competitivo, sustentado en éxitos recientes como el subcampeonato en la Copa Árabe de la FIFA 2025. En ese torneo demostraron que están listos para las grandes citas al derrotar a gigantes de la región como Egipto (3 a 0), Irak (1 a 0) y Arabia Saudita (1 a 0), cayendo recién en el tiempo suplementario de la gran final contra Marruecos.

Cómo juegan y por qué pueden incomodar a la "Scaloneta"

A la hora de analizar la pizarra, la principal virtud de Jordania radica en la letalidad de sus transiciones. Lejos de buscar la tenencia por la tenencia misma, los dirigidos por Sellami se sienten sumamente cómodos agrupándose en un bloque medio-bajo donde la disciplina táctica es innegociable. Una vez que recuperan la pelota, el equipo se despliega a pura explosión: liberan a sus carrileros y castigan los espacios vacíos, haciendo gala de una notable velocidad tanto física como mental para resolver con agresividad en los últimos 30 metros de la cancha.

Sin embargo, ese pragmatismo tiene su claro talón de Aquiles cuando el guion del partido se invierte. Si el rival le cede el protagonismo, le entrega la pelota y decide refugiarse cerca de su área, el ataque posicional de Jordania se vuelve espeso y previsible. Al no encontrar espacios finos por el centro del campo, al equipo le cuesta romper el cerrojo y suele caer rápidamente en la desesperación, abusando de centros frontales o remates lejanos que terminan siendo inofensivos.

Con estas cartas sobre la mesa, el libreto táctico de los asiáticos de cara al choque contra Argentina parece estar diseñado a medida para intentar frustrar el circuito de juego de los campeones del mundo. El plan frente a la "Albiceleste" propondrá un ejercicio de resistencia extrema: cederán terreno sin complejos, estrecharán las líneas hacia adentro para asfixiar la inventiva de los creativos argentinos, esperarán agazapados el momento justo para recuperar y lanzar envíos largos y punzantes a espaldas de los laterales que pasen al ataque. Será, sin dudas, una verdadera prueba de paciencia para la Selección, en lo que será el cierre de su participación en el Grupo J.